domingo, 7 de diciembre de 2025

Los amiguitos del profesor

Circulan rumores no plenamente corroborados de que un celebérrimo pensador del siglo veinte recorría las calles de un pueblo norteafricano lanzando invitaciones y dinero a los jovencitos del lugar para tener un gratificante encuentro horas más tarde en las inmediaciones de un cementerio. Conociendo los mozuelos la generosidad de este preclaro intelectual, cuando en el día lo avistaban solían exclamar: «¿Y yo? ¿Y yo? ¡Llévame a mí!»; «¿y yo? llévame, llévame»; «¿Y a mí por qué no? ¡Llévame también!»

Esta anécdota me recuerda enormemente la insistencia del mismo reclamo cada vez que los acostumbrados hatos de estudiantes con ánimo ventajista imploran al profesor universitario de turno que los meta en el curso de doctorado: «¿Y yo? ¿Y yo? ¡Llévame a mí!»

jueves, 6 de noviembre de 2025

Cuando el evaluador no es de fiar

Todos los profesores deberían someterse al menos una vez al año a un sorpresivo test de detección de drogas en el centro. Recuerdo, hace veintitantos años, que una de las estudiantes de la facultad de humanidades, diplomada en enfermería, comentó después de una arbitraria e irracional evaluación en determinada asignatura que el docente evidenciaba signos físicos y sobre todo en su conducta de haber consumido cocaína. Ante estas situaciones la respuesta de los órganos de gobierno académico es nula, o peor aún, de respaldo grupal al colega y escarmiento para el denunciante.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Vendedores de humo

La facultad de humanidades sigue haciendo lo que mejor sabe hacer, vender humo y engañar a los estudiantes ofreciendo posgrados que apenas tienen salidas laborales. Si esta carrera es de por sí inservible, en lo que sí destacan algunos de sus asalariados es en vender bien un producto carente de valor y de nula utilidad. Y no lo hacen en favor de los torpes matriculados que vienen huyendo de los estudios que les son vedados (carreras técnicas), sino en beneficio propio, es decir, con la clara finalidad de justificar el sillón de los docentes al que están bien acomodados. 

¿A cuántos estudiantes ha empleado el doctor Juan Luis Montero Fenollós como arqueólogos? ¿Cuántos puestos de trabajo ha creado, además del suyo propio, en esta universidad? 

No nos engañemos, el que de verdad sabe a lo que entra en la facultad de humanidades aspira, como mínimo, a quedarse en la propia universidad, y el que no, solo viene para hacer bulto y pagar las tasas. Pero para quedarse en el ámbito académico necesitas algo imprescindible, padrinos. Si no los tienes, mejor es que abandones el centro y cambies de carrera. La universidad española es el único ámbito donde para ser funcionario no es preciso pasar un duro examen en concurso-oposición, el itinerario es muy diferente. Aquí, consigues más adhiriéndote a un partido y haciendo amigos que demostrando tu mérito y capacidad profesional. Esa es la verdad de la universidad española, así funciona.

Con todo esto, ¿qué clase de graduados, maestros y doctores salen de esta facultad? Pues todo lo contrario a lo que anuncian y tratan de vendernos: gente sin futuro, sin criterio, sin conocimientos prácticos y verdaderamente acríticos, porque no han sabido ni percibir el engaño durante toda su carrera. Y si alguno logra ser la excepción, tened por seguro que será un profesional de perfil bajo, un mediocre asalariado.

Aquí no encontrarás sólidos intelectuales, comprometidos humanistas, grandes eruditos, sino un montón de aduladores, acosadores y, sobre todo, vendedores de humo.